Importancia del abrazo

http://www.24horas.cl/tendencias/ciencia/los-abrazos-fuente-de-seguridad-y-confianza-407510

La ciencia asegura que la importancia del contacto físico no disminuye cuando crecemos.

Por Cristián Jara

A medida que vamos creciendo, los seres humanos nos vamos olvidando del contacto físico: los abrazos, besos o los simples golpeteos en la espalda -a mayor edad- son cada vez más escasos.

Todo por la percepción universal de que las caricias son más necesarias los primeros años de vida, algo que acaba de desmentir la ciencia, que asegura que la importancia del contacto físico no disminuye cuando crecemos.

De un articulo publicado por la revista Muy Interesante, se desprende que un pequeño roce puede producir cambios inmediatos en el comportamiento humano.

La incidencia del contacto físico en la motivación y formación se demuestra por ejemplo, en que los estudiantes que reciben algún tipo de estimulo físico por parte de un profesor se muestran más dispuestos y participativos en clase.

Algún tipo roce amable en la consulta del médico hace que los pacientes tengan la impresión de que la visita fue más amena y fructífera.

Si antes de realizar alguna presentación en público nuestra madre nos da un fuerte abrazo, los niveles de cortisol -la hormona del estrés- caen; explicación que apunta al principal elemento de importancia de las demostraciones físicas de afecto.

Un estudio de la Universidad de Berkeley en EE.UU. revela que en el ámbito deportivo, los equipos con mejores resultados son aquellos en que los jugadores no escatiman en abrazos y muestras de afecto físico.

Los investigadores sugieren que este fenómeno se debería a que el contacto físico libera oxitocina, que aumenta la sensación de seguridad y confianza.

Un abrazo o una simple palmada en la espalda continúa siendo uno de los principales motivadores para el ser humano.

El sesgo de la disponibilidad: ¿Cómo evaluamos nuestras probabilidades de éxito?

Si las personas comprendiesen verdaderamente las probabilidades que tienen de ganar la lotería, probablemente no comprarían nunca más un billete en toda su vida. Sin embargo, los billetes se continúan imprimiendo y para los organizadores es casi como tener en sus manos una máquina para imprimir dinero.
Lo cierto es que todas las loterías explotan un sesgo cognitivo, exactamente, el sesgo de la disponibilidad (por supuesto, eso y la desesperación de las personas).
El sesgo de la disponibilidad es una tendencia a valorar las probabilidades en base a los ejemplos más sencillos que acuden a nuestra mente. Es decir, como los organizadores de la lotería continuamente ensalzan a los ganadores y se olvidan de los millones de personas que han comprado un billete pero han perdido, entonces nuestra mente solo se centra en aquellos que han ganado desechando todos los que han perdido (que, irónicamente, es la inmensa mayoría). Desde este análisis, asumimos que tenemos mayores probabilidades de ganar que de perder.
Lo más interesante es que este sesgo cognitivo no solo se aplica a la lotería sino a muchísimas otras esferas de nuestra vida e incluso afectan nuestro desempeño profesional. Por ejemplo, se ha demostrado que los doctores que han diagnosticado dos casos seguidos de meningitis bacteriana, creen percibir los mismos síntomas en el próximo paciente, incluso si este tiene solamente una gripe y si son conscientes de que es muy poco probable (estadísticamente hablando) diagnosticar tres casos seguidos con la misma enfermedad.
¿Cómo vas a morir?
En los últimos años se han realizado algunos estudios particularmente interesantes dirigidos a evaluar el sesgo de la disponibilidad. En práctica, a las personas se les pedía que respondiesen a una serie de preguntas donde debían analizar cuál sería su causa de muerte más probable.
Por ejemplo, en un estudio desarrollado por investigadores de la Universidad Estatal de Ohio, se apreció que las personas pensaban que tenían más probabilidades de ser asesinadas por la calle que de sufrir un cáncer de estómago. En realidad, tenemos cinco veces más probabilidades de morir de un cáncer de estómago que de vernos envueltos en un tiroteo o morir víctimas de un asalto pero visto que estos últimos eventos tienen una mayor repercusión mediática, nuestra mente tiende a cambiar ligeramente las estadísticas.
Una investigación precedente, realizada en el 1995, también confirma este sesgo. En aquella ocasión se preguntó si existían más probabilidades de ser atacados por un tiburón que de morir en un accidente aéreo. Debemos recordar que por aquellas fechas, sobre todo en los Estados Unidos, se organizó una verdadera pesadilla mediática sobre los ataques de tiburones, por ende, la mayoría de las personas pensó que era más probable morir por un ataque de escualo cuando realmente no es así.
En práctica, cuando algún conocido tiene un accidente de coche, inmediatamente consideraremos que las carreteras son menos seguras aunque realmente no se trate sino de un sesgo cognitivo provocado por el impacto de la emoción. De la misma forma, mientras más memorable y significativo sea un evento, más distorsionaremos las probabilidades de ocurrencia.
Fuentes:
Briñol, P.; Petty, R. E. & Tomala, Z. L. (2006) The Malleable Meaning of Subjective Ease. Psychological Science;17(3): 200-206.
Read, J. D. (1995) The availability heuristic in person identification: The sometimes misleading consequences of enhanced contextual information. Applied Cognitive Psychology; 9(2): 91–121.
Escrito por Jennifer

Decisiones: No descartar la intuición

El Caparazón – España

Son muchas las decisiones, sobre cosas triviales o importantes, que tomamos a diario. Lo que parece un proceso sencillo en realidad es algo cognitivamente exigente, que incluye tener que evaluar decenas de alternativas, tener en cuenta una serie de variables, sopesar pros y contras…y eso de manera continua, en cada decisión de consumo. Como diría Barry Schwartz en La paradoja de las elecciones, la evolución y el capitalismo lo hacen todo muy complicado.

¿Cómo abordamos todas esas decisiones, que parecen infinitas? A lo largo de la historia, la respuesta ha sido que ante un dilema debemos evaluar cuidadosamente las opciones y pasar a deliberar cuidadosamente la información. Entonces, tenemos que decidir el hotel o lo que sea que mejor se adapte a nuestras preferencias. Así es como maximizar la utilidad y obtener el máximo retorno de la inversión. Somos agentes racionales, y por tanto, tomamos decisiones de manera racional.

¿Es eficiente la racionalidad?  ¿Qué pasa si es más fiable, si tomamos mejores decisiones cuando confiamos en nuestro instinto? Si bien siempre se ha creído en la sabiduría de las emociones, es en los últimos años que los científicos han demostrado que el sistema emocional puede imponerse en las decisiones complejas o aquellas que involucran muchas variables. Si esto es verdad el inconsciente podría resultar más adecuado para algunas tareas cognitivas que el cerebro consciente. Es decir, el mismo proceso que llamamos irracional e impulsivo podría ser, en determinadas condiciones, más inteligente que la misma razón.

El motivo fundamental podría ser de capacidad. Así como el inconsciente es capa de manejar una gran cantidad de información sin colapsarse,  lo consciente solo puede procesar alrededor de cuatro bits de datos en cualquier momento. En nuestro ejemplo, ante la abrumadora cantidad de hoteles existentes hice bien en elegir el que sentí que era el más adecuado.

La investigación más representativa de esta idea es el experimento de Dijksterhuis. Consistía resumidamente en ofrecer a un grupo de compradores de coches descripciones de cuatro coches con cuatro variables por coche (por ejemplo, se conduce mal, pero es muy cómodo para las piernas, etc.). Una de las descripciones correspondía a un coche ideal, en el que predominaban aspectos positivos. Después, los compradores tenían unos minutos para valorar conscientemente su decisión. En esta situación “fácil”, más del 50% eligieron el coche ideal.

En otro grupo se mostraban las mismas descripciones pero no los dejaban pensar conscientemente su decisión, distrayéndoles inmediatamente con algunos juegos de palabras. Luego interrumpió el juego y, de repente, les hizo elegir el coche ideal. De esta manera, estarían eligiendo con el cerebro inconsciente. El resultado fue significativamente peor. Los datos confirmarían, así, que la razón siempre es mejor.

Pero el investigador no se conformó. Repitió el experimento agregando 12 variables a cada coche, por lo que fue una situación más difícil pero más real, más fiel a lo que es enfrentarse a la compra de un coche.

En este caso, de entre los que tuvieron tiempo para pensar, sólo el 25% eligió el coche ideal, mientras que los que estuvieron distraídos durante unos minutos, acertaron casi en el 60% de las ocasiones.

La propuesta del autor es sugerente:

Usa tu mente consciente para obtener toda la información que necesitas para tomar una decisión. Pero no se trata de que la analices con tu mente consciente. En vez de eso, vete de vacaciones mientras tu mente inconsciente lo digiere. Sea cual sea tu intuición es casi seguro que va a ase la mejor opción.

 

Durante un tiempo se consideró el estudio anterior un accidente experimental, pero un nuevo artículo publicado este mes en Emotion lo revitaliza y replica, como prueba de las posibles ventajas de utilizar las emociones para decidir cosas complejas. Un experimento similar llegaba a las mismas conclusiones: cuando las variables son pocas el desempeño es mejor con el cerebro consciente, pero cuando el número de variables es mayor, y la situación se complica, decide mejor el cerebro inconsciente.

Esta podría ser la explicación final: La enorme capacidad de procesar del cerebro inconsciente asegura que podemos analizar toda la información relevante al evaluar todas las alternativas. Como resultado, somos capaces de dar sentido a cada una de las variables mediante una etiqueta afectiva: la mejor opción es rápidamente asociada con la emoción más positiva.

Aunque seguirá el debate, estos estudios nos hacen valorar de forma más positiva el poder de las emociones en esferas que hasta ahora se consideraban estrictamente “intelectuales”. Muestran que desde luego, asociar la emoción, corazonada, intuición a algo negativo e irresponsable no tiene ya, con la evidencia experimental y científica disponible, ningún sentido.

 

Con la colaboración de Gabriela Fretes Torruella, El caparazón.

¿De dónde proviene el mal humor?

#coaching

De pronto este artículo nos brinda alguna clave para poder entender alguno de nuestros estados de ánimo:

 

http://www.lavanguardia.com/estilos-de-vida/20110826/54205625420/de-donde-viene-el-mal-humor.html

 

Espero les aporte.

 

Inteligencia emocional: 25 aptitudes y el conocimiento intrapersonal

Algunos apuntes de Goleman:

http://manuelgross.bligoo.com/20110916-inteligencia-emocional-las-25-aptitudes-y-el-conocimiento-intrapersonal#content-top

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